Creo que ha llegado el momento de dejar de callarse.
Llevo un tiempo pensando, y creo que ya soy mayorcito y sé bastante bien lo que quiero.
He pensado sobre Sara, sobre cómo terminó todo, y en su momento me maldecí por confesar mi amor, porque SÍ salió como esperaba. He de decir que aunque no lo quisiese así, esperaba un mero rechazo, un rechazo ya aceptado con antelación, pero fue ambiguo.
Fue ambiguo, porque ella no me dijo que no, pero más tarde recapacitó, y fue raro, porque aunque conseguí lo que esperaba (sólo que más tarde), no conseguí lo que quería. Mi corazón se partía en dos, una parte que se alegraba por haber sido rechazado y aliviado, sabiendo que esa persona sería feliz sin mí, y otra parte que se alegraba de haber tenido una oportunidad, pero ambos trocitos acabaron hechos pedazos poco a poco, porque ambos sentían lo mismo: la amo.
Estuve cerca de una semana sin hablar con ella, y por mi propio bien, decidí arreglar ese corazón roto con la incomunicación, utilizando de pegamento a mis amigos, o al menos, los consideraba así.
Y digo que los consideraba así (al menos, a uno de ellos) porque consiguió ser el mejor pegamento posible para un corazón roto, pero he empezado a tener miedo.
Tengo miedo por muchas razones, primero porque no soy una persona demasiado racional en temas del amor, es verdad que reflexiono mucho sobre qué hacer y qué no, pero siempre acabo haciendo lo mismo: lo que me dice el corazón.
¿Y por qué tengo miedo? porque el pegamento que utilizaron es amor. Sí... si mi corazón ha encontrado sus engranajes de nuevo, es porque ha vuelto a sentir lo mismo, pero por otra persona. Y sí, tengo miedo a mi corazón, porque sé que más temprano que tarde se me va a escapar, voy a gritarlo a los mil vientos, y puede que en ese momento pierda un amigo o se haga más distante. Efectivamente, me he enamorado yo, siendo hombre, de otro hombre.
Entonces... ¿soy bisexual? no realmente, no he visto ni tan siquiera la cara de ese otro hombre.
Siempre he pensado que soy un romanticón que no encuentra su camino, que no tiene remedio. Y tiene sentido, porque no me he enamorado de su cuerpo, me he enamorado de otra cosa, para mí mucho más importante y profunda, me he enamorado de su corazón.
Y... no sé, si hay suerte, y no acaba en un "yo" sino en un
"nosotros", pues quizás sea la persona más feliz del mundo, aunque lo
veo poco probable.
Sea como sea, y aunque no sé cómo se siente él, voy a pifiarla y no voy a tardar mucho, le voy a confesar lo que soy; un romántico que no encuentra su camino.
Voy a dejar esto programado para la hora a la que él se suele ir a dormir, si leéis esto, será porque me he confesado (o me he olvidado de borrarlo).