sábado, 19 de agosto de 2017

Otro más

Érase una vez un sueño repetido
el temblor de un silencioso alarido
contenido en poco más que suspiros,
sin respiro caminaba nuestro trotamundos embebido
somnoliento zombi caminante en un sendero
lleno de dagas punzantes que una a una
danzaban para dejarle agonizante.

A pesar de esto sólo una cosa refleja su semblante
y no daba el cante porque no había cicatriz latiente
que hiciese de su cuerpo un lienzo lo suficiente-
mente claro para percibir su caída inminente.

Intransigente, dos cosas abrazaba con cuidado:
un libro que quería comprender
sin entender aún el otro objeto sujetado:
la propia vida que de un hilo pendía,
y quién sabe si siquiera lo sabía.

Sonaba de lejos el eco de una melodía
melancólica y antagónica de la clerecía
que creía poder dominar incluso al que no dormía.

Poco a poco oscurece el día y algunos entienden
con cara afligida de qué casa descienden
las órdenes que hasta ahora obedecen
Y es que quizás el trotamundos
no era el que más miedo tuviese.

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