sábado, 17 de diciembre de 2016

Caballero y dragón.

He aquí un poema que no tiene pretensiones, no va dirigido a nadie en especial, simplemente me invadió la inspiración.

Viene un derribo
¿Lo paro o esquivo?
No importa su aliento
pues vengo sediento.

Créeme, será sangriento,
pero pobre dragón,
hoy no seré tu alimento.
Juguemos hasta que baje el telón.

Eso es lo que siento
tengo que hacer de mimo
y apartarle de camino
Le miro y me miento.

Ven, dragón
¿Escuchas mi pasión?
Siente mis latidos
que por ti están confundidos...

Separados por el destino
por circunstancias enfrentados
Oye mi lamento
y es que... te siento tan dentro...

No me verás tambalear
porque ya caí hace tiempo.

domingo, 17 de julio de 2016

Mis normas, mi vida.

Quería hacer un poema corto, hablando sobre mis normas y mis principios éticos y morales (que no son exactamente lo mismo, ni los mismos).

Aquí tenéis lo que he hecho por ahora:

Un romaticón perdido,
un romántico que no encuentra su camino.

Atrapado en un destino
no dejando atrás ningún amigo.

Atado a un sendero
tratando de ser honrado
queriendo ser sincero,
sin importarle los daños,
con el corazón abierto,
y erosionado por los años.

Que me digan si no acierto
si mis reglas son honradas.

Pero que no me importe las miradas
no significa que no duela,
sólo que hacerles caso
no me merece la pena.

Que mis lágrimas sean escasas
no significa que sean aparentadas,
pero quiero estar contento
por si encuentro personas mojadas.

Mojadas con lágrimas resbalando por su mento,
esperando ser abrazadas,
queriendo ser calmadas,
buscando la felicidad;
como hacen otros muchos
que olvidan la bondad,
y sacan los serruchos
para llevarse el trozo de pan.

Olvidando que son hermanos,
que la bondad no es un privilegio,
sino una necesidad,
necesidad como humanos,
para no vivir en soledad.

sábado, 16 de julio de 2016

Confesión

Creo que ha llegado el momento de dejar de callarse.

Llevo un tiempo pensando, y creo que ya soy mayorcito y sé bastante bien lo que quiero.

He pensado sobre Sara, sobre cómo terminó todo, y en su momento me maldecí por confesar mi amor, porque SÍ salió como esperaba. He de decir que aunque no lo quisiese así, esperaba un mero rechazo, un rechazo ya aceptado con antelación, pero fue ambiguo.

Fue ambiguo, porque ella no me dijo que no, pero más tarde recapacitó, y fue raro, porque aunque conseguí lo que esperaba (sólo que más tarde), no conseguí lo que quería. Mi corazón se partía en dos, una parte que se alegraba por haber sido rechazado y aliviado, sabiendo que esa persona sería feliz sin mí, y otra parte que se alegraba de haber tenido una oportunidad, pero ambos trocitos acabaron hechos pedazos poco a poco, porque ambos sentían lo mismo: la amo.

Estuve cerca de una semana sin hablar con ella, y por mi propio bien, decidí arreglar ese corazón roto con la incomunicación, utilizando de pegamento a mis amigos, o al menos, los consideraba así.

Y digo que los consideraba así (al menos, a uno de ellos) porque consiguió ser el mejor pegamento posible para un corazón roto, pero he empezado a tener miedo.

Tengo miedo por muchas razones, primero porque no soy una persona demasiado racional en temas del amor, es verdad que reflexiono mucho sobre qué hacer y qué no, pero siempre acabo haciendo lo mismo: lo que me dice el corazón.

¿Y por qué tengo miedo? porque el pegamento que utilizaron es amor. Sí... si mi corazón ha encontrado sus engranajes de nuevo, es porque ha vuelto a sentir lo mismo, pero por otra persona. Y sí, tengo miedo a mi corazón, porque sé que más temprano que tarde se me va a escapar, voy a gritarlo a los mil vientos, y puede que en ese momento pierda un amigo o se haga más distante. Efectivamente, me he enamorado yo, siendo hombre, de otro hombre.

Entonces... ¿soy bisexual? no realmente, no he visto ni tan siquiera la cara de ese otro hombre.
Siempre he pensado que soy un romanticón que no encuentra su camino, que no tiene remedio. Y tiene sentido, porque no me he enamorado de su cuerpo, me he enamorado de otra cosa, para mí mucho más importante y profunda, me he enamorado de su corazón.

Y... no sé, si hay suerte, y no acaba en un "yo" sino en un "nosotros", pues quizás sea la persona más feliz del mundo, aunque lo veo poco probable.

Sea como sea, y aunque no sé cómo se siente él, voy a pifiarla y no voy a tardar mucho, le voy a confesar lo que soy; un romántico que no encuentra su camino.

Voy a dejar esto programado para la hora a la que él se suele ir a dormir, si leéis esto, será porque me he confesado (o me he olvidado de borrarlo).

jueves, 14 de julio de 2016

Me gustan los trenes.

Me han entrado muchas ganas de escribir esto, porque llevo un tiempo pensando.

 

He pensado acerca de algo, que se me está haciendo cada día más complicado de analizar.

 

Pero creo que me entrego a Narnia, a ver si Aslan me lo sabe explicar.

 

Me gustan los trenes.


Me gustan los trenes,
pero no por sus leyendas urbanas.

Me gustan los trenes,
pero no por sus historias contadas.

Me gustan los trenes,
no por lo que son, sino por lo que representan.
Me gustan los trenes porque significan mucho,
pero ese "mucho" sólo lo sabe alguien,
y ese alguien ni siquiera sabe cuánto le escucho.

Me gustan los trenes, no por su calor acogedor.
Me gustan los trenes, por su capacidad de mostrar amor.

Las sensaciones que se comparten en un tren
no tienen precedente.
Pensando a veces me siento como un rehén.
Un rehén atrapado en la estación "Quererte".

Y por tanto ese gusto que compartimos por los trenes,
en un tren te dejaré ir,
si eso es lo que quieres.

Me gustan los trenes,
pues lo mismo que van
lo mismo vienen,

pero si de verdad los quieres,
aunque las personas huyan,
quedan los sentimientos de los que los tienen.

jueves, 7 de julio de 2016

Amanece

Hoy me he despedido, y creo que es lo mejor que podría haber hecho.


No sé, me siento raro, como nuevo.

Es curioso, pues aún me siento enamorado.


Pero por otro lado, me siento mucho más fresco.


Que se abran.

Que se abran las puertas al cielo
pues me siento liberado.
No tengo a quién decir "te quiero",
pero ya no me siento atado.
De la vida soy compañero.

Lo que antiguamente he deseado
ahora se ha desvanecido,
no ha dejado rastro
y sin embargo otro día ha_aflorado.

Después de tanto camino caminado
y de tanto llanto derramado;
tengo unos nuevos senderos.
Veo abrirse a cada lado grandes ventanas y pequeños agujeros,
yo decido saltar de las ventanas,
pues mis decisiones no me han dado alas,
pero sí el poder para volar.

Que se abran las puertas al cielo,
porque vengo para ser feliz
y no dejarme derrotar.

miércoles, 29 de junio de 2016

Poediario de pitácora. Vol I.

Hola a tod@s los que puedan estar leyendo estas líneas. Me he interesado por la poesía, a raíz, posiblemente, de la película "El Club de Los Poetas Muertos", no es que vaya a centrarme en versos currados, pero simplemente me gusta hacer rimas cutres y simples relacionadas con mis sentimientos, ya sean pasados, actuales, o los que yo pienso que puedan ser futuros.


Aquí va un poema, que vosotros decidiréis en qué descripción encaja:


Y se fue apagando.



Y se fue apagando la de la amistad.
Y se fue apagando la de la pasión.
Y se fue apagando la del calor.
Y se fue apagando la de la sinceridad.
Y se fue agrietando el corazón.

Pero nunca jamás se apagó la llama del amor.

Un poema más para la colección.

He reincidido con una persona del pasado,
y pues, no puede decir que la he dejado de amar.
Más bien, sigo locamente enamorado.
Y creo que le he entregado el poderme controlar.

Eso era un poema corto que he escrito ahora mismo, ahora el de verdad:

Cupido volvió a lanzar otra de sus flechas,
pero más temprano que tarde me di cuenta.
Me di cuenta de que no le dio a una hermosa princesa.
en lugar de ello, hirió a una yena hambrienta.
No hambrienta de carne ni sangre,
mas hambrienta del poder para matarme.

Simplemente me ha saludado un colega llamándome "hola enamorado" y he dicho ¿ah si? pues poema que te tragas, y le he escrito este poema en unos 5 minutos, simplemente por placer.

Y edito, sinceramente cuando lo escribí, no tenía ninguna pretensión de lanzar una indirecta, dejo esto como aviso para quien pueda leerlo.

sábado, 23 de enero de 2016

¿Lo hizo para salvarnos?

Hola, dejo esto por aquí que lo he escrito para un trabajo de léngua y literatura y la verdad es que me ha gustado el resultado.
Atte: Alejandro Cordero.

¿Realmente lo hizo para salvarnos?

Si estás leyendo esto mi nombre poco importa, y mi historia depende de la persona, poco más. Si necesitado estas de dar nombre a esta historia puedes llamarme Ulises, porque lo que vas a leer a continuación es una auténtica Odisea. Todo comienza difusamente en una secta, empujada por mis “padres” sin preguntarme antes siquiera si yo estaba feliz con tal decisión, pero ¿qué importancia tiene eso? ¡los caminos del señor son inescrutables!

Veamos, dejemos a un lado mis orígenes y centrémonos en el acto; total, podríamos decir que yo nunca he tenido progenitores. […]

Y ahí estaba otra vez, rezando como quien reza antes de romper un plato, como quien pide perdón antes de asesinar a alguien, o como el que se disculpa de su esposa antes de golpearla. Terminada la oración matutina propone continuar con su sadismo:
- ¡Lula ven, vamos a jugar! (cada vez que oía ese nombre mis oídos sentían necesidad de estallar).
No pensaba contestar, hacía mucho tiempo que sabía de qué se trataba ese “juego”. El mismo energúmeno con cruz en cuello y caramelo en mano esperó hasta mi aproximación para sacar su “arma” de la sotana a colación; si quería comer tenía que dispararla, aunque más que una pistola parecía un revólver de cañón corto, muy corto. No voy a entrar en detalles, al menos no esta vez; si me “comportaba” tenía la posibilidad de salir sin un rasguño de aquel juego enfermizo. […] Esta vez había sido rápido, más de lo normal (que ya es decir), así que una vez terminó la tortura me ofreció el caramelo y una ducha de agua templada. Mientras me encontraba casi lijando mi piel, para limpiar toda esa suciedad psicológica que cargaba sobre mis hombros, conseguí vislumbrar algo que casi con total seguridad era mi llave de salida, sólo necesitaba una cosa: romper un espejo. Ese día acabaría muy malherida, no sólo por los cortes, sino por lo que me esperaba. Rompí el cristal, cogí mi “llave”, aferrándola fuertemente con mi puño izquierdo. Esperé asustada las consecuencias. No miento si digo que en aquella ocasión casi me mata; una vez terminó la fase de “domesticación” (como si de un animal de circo me tratase), me levantó de los hombros y me devolvió a aquel lugar penumbroso. Una vez dentro tardé unos segundos en adaptar mi vista y reflexionar en cómo abriría el candado que me separaba de mi libertad.


Tras unas semanas siendo mal alimentada y debatiéndome entre la vida y la muerte, finalmente me recuperé físicamente de aquella paliza. Llegó el día de mi liberación, era hora de poner en marcha mi macabro pero eficiente plan. Iba a tener una sola oportunidad. Ahí estaba, postrado de rodillas recitando la oración matutina antes de poner en práctica su asqueroso “juego”, pero esta vez era yo la que iba a tomar la iniciativa.
Me acerqué a él y esperé a que se sentase en el banco donde siempre comenzaba y acababa todo. Una vez sentado en su trono de depravación me aproximé todo lo que pude antes de que pudiese decir nada, posicionando mis codos sobre su regazo, mientras me situaba sobre mis rodillas.
+ Padre... he pecado. -Dije con una aparente mueca de tristeza, sin poder estar más alegre-.
- Ave María Purísima... sin pecado concebida. ¿Qué te ocurre hija mía? -Trataba de disimular su sonrisa y felicidad, al parecer eso era una fantasía suya desde hacía mucho tiempo-.
+ No he seguido todas las indicaciones de los caminos de El Señor. -Dije mientras me iba levantando y acercaba una mano a su pecho-.
- El Señor es omnibenevolente... si haces lo que te digo te perdonará y acogerá en sus celestiales tierras.
+ ¿Cómo qué... padre?
Dije mientras me sentaba sobre el regazo del tipo de la sotana, lo rodeaba con mi brazo izquierdo por los hombros, y llevaba mi mano derecha con un cuidadoso movimiento hasta la parte trasera de mis harapos, donde en un bolsillo guardaba la “llave”. Acto seguido me aproximaba a los labios de este señor y comenzaba a jugar con pequeños besos, y una vez él cerró los ojos, me limité a buscar el candado de mi “llave” tras un largo beso que disfruté muchísimo. Un rápido movimiento cayó sobre mi agresor, la espada de Damocles encontró por fin a su Dionisio. La llave era un afilado cristal, el candado era la sangre que brotaba del cuello de “él”. No podía parar de mirarle a los ojos, ni de forcejear, ni tampoco parar ese beso. Su respiración llenaba mi boca, su desesperación hacía que mi adrenalina regurgitase por toda mi cabeza, cada pelo de mi cuerpo se erizó cual lanza espartana, y finalmente, su sangre empapó el altar dando fin al juego del que yo una vez fui la esclava, pero acabó conmigo como la reina y con él como la marioneta. No me arrepiento, era él o era yo, ya me iba haciendo “vieja”, comenzaban a ennegrecerse mi vello, y eso no le gusta a aquellos que quieren monaguillos jóvenes.


Ahora sólo tengo que buscar a aquellos que dejaron que esto fuera posible y que no tomaron medidas para volver a encontrarme, entonces, y sólo entonces habré recuperado mi honra y dignidad.


¿Realmente lo hizo para salvarnos? Sin él no habría existido religión. Y si realmente lo hizo para salvarnos, harán falta diez Jesucristos más para limpiar todo este pecado.